A sí mismo
I
Como el río no acaba de pasar
por muchas aguas que hacia el mar lo empujen,
hay pecados que nunca se terminan
de perdonar, por más que te perdonen.
II
Para no ser la víctima secreta
del criminal que vaga por tus sueños,
estudia el mal que has hecho y examina
los colores robados en tu nombre;
acoge en la poesía de tus noches
la miserable prosa de los días.
III
Ronda mi corazón una antorcha de hielo,
como el barco que ansía por la niebla nocturna
un contorno perdido, como el barco que anhela
tras siniestras espumas la Isla de los Muertos.
Si pudiera encontrarme con el otro que soy
tal vez me entendería por fin conmigo mismo.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
sábado, 25 de septiembre de 2010
Carta de primavera
A Guillermo
Hermano, estas noticias, que te entrego
con música, no van a sorprenderte:
son las de siempre, el hilo que se trama
en el claro tapiz desconocido
de cada ser; los días que murmuran
como agua tenue y su caudal aumentan
y se vuelcan al golfo de la noche;
el planeta que rueda en su infinito
vacío azul y del despojo engendra
fresco fuego, vigor de rama verde,
claro ciclo de cielos repetidos.
Y yo en ese rodar, con vida ignota
tiendo hacia algún lugar insospechado,
como la aguja trémula imantada
en su mágico disco. Y aunque a ciegas,
como todos, “trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo”
y también por vivir, lo que no es poco.
Medio siglo no es poco. Te confieso
que en mi tardía primavera, a veces
no puedo con el peso del pasado.
Vivo en las azaleas encendidas
pero muero en el aire, en los azahares,
en la luz que se irisa bajo el agua
o en el olor a ropa de una tienda.
Me mata de ternura ese perrito
que se parece a aquel que te mataron,
negro con manchas blancas, castigado
por la vida y que viene y mansamente
se echa junto a mi banco de la plaza.
Lo llamo: “¡Guito!”, pero no se entera,
y como no hay malicia en él, me digo
que no es aquel que tuve en las rodillas,
cachorrito, en tu casa. No me digas,
yo sé muy bien que soy feliz ahora;
en mi balcón, que doran los ponientes,
se prepara verdeante en su maceta
una flor de milagro y de perfume.
Se prepara en el cálido secreto
del vientre de mi amor una palabra,
una sonrisa incomparable, un hálito
mordiente de vivir, dientes de leche
y días que no acierto a imaginarme.
La primavera, al fin, llegó a mi vida,
abonada del humus del pasado.
Torciéndose con rumbo inesperado
hallan su perfección, hallan su día
las ramitas menudas. En las hojas
baila después el viento resonando.
No me lo digas, soy feliz; y es esto
tan raro al parecer que hasta es difícil
acostumbrarse. Espero una mañana
con un llanto de vida única y nuestra,
unos ojos abiertos en el mundo
para mirarnos a nosotros dos.
Y también a los tíos, por supuesto.
Somos como esta música que suena
y volverá a sonar cuando no estemos,
Guillermo, pinceladas de crepúsculo:
libre del hondo peso del pasado,
en el vibrante tímpano del alma
que eterna en nuestro ser se perpetúa.
A Guillermo
Hermano, estas noticias, que te entrego
con música, no van a sorprenderte:
son las de siempre, el hilo que se trama
en el claro tapiz desconocido
de cada ser; los días que murmuran
como agua tenue y su caudal aumentan
y se vuelcan al golfo de la noche;
el planeta que rueda en su infinito
vacío azul y del despojo engendra
fresco fuego, vigor de rama verde,
claro ciclo de cielos repetidos.
Y yo en ese rodar, con vida ignota
tiendo hacia algún lugar insospechado,
como la aguja trémula imantada
en su mágico disco. Y aunque a ciegas,
como todos, “trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo”
y también por vivir, lo que no es poco.
Medio siglo no es poco. Te confieso
que en mi tardía primavera, a veces
no puedo con el peso del pasado.
Vivo en las azaleas encendidas
pero muero en el aire, en los azahares,
en la luz que se irisa bajo el agua
o en el olor a ropa de una tienda.
Me mata de ternura ese perrito
que se parece a aquel que te mataron,
negro con manchas blancas, castigado
por la vida y que viene y mansamente
se echa junto a mi banco de la plaza.
Lo llamo: “¡Guito!”, pero no se entera,
y como no hay malicia en él, me digo
que no es aquel que tuve en las rodillas,
cachorrito, en tu casa. No me digas,
yo sé muy bien que soy feliz ahora;
en mi balcón, que doran los ponientes,
se prepara verdeante en su maceta
una flor de milagro y de perfume.
Se prepara en el cálido secreto
del vientre de mi amor una palabra,
una sonrisa incomparable, un hálito
mordiente de vivir, dientes de leche
y días que no acierto a imaginarme.
La primavera, al fin, llegó a mi vida,
abonada del humus del pasado.
Torciéndose con rumbo inesperado
hallan su perfección, hallan su día
las ramitas menudas. En las hojas
baila después el viento resonando.
No me lo digas, soy feliz; y es esto
tan raro al parecer que hasta es difícil
acostumbrarse. Espero una mañana
con un llanto de vida única y nuestra,
unos ojos abiertos en el mundo
para mirarnos a nosotros dos.
Y también a los tíos, por supuesto.
Somos como esta música que suena
y volverá a sonar cuando no estemos,
Guillermo, pinceladas de crepúsculo:
libre del hondo peso del pasado,
en el vibrante tímpano del alma
que eterna en nuestro ser se perpetúa.
martes, 20 de julio de 2010
Rara comprobación (Paul Claudel, Hojas de santos)
Habito el exterior de un anillo.
He descubierto que no está fuera sino dentro el muro del que soy prisionero.
He descubierto que para ir de un punto a otro es posible pasar por cualquier parte, excepto por el centro.
J'habite l'extérieur d'un anneau.
J'ai appris que ce n'est point dehors, c'est dedans qu'est le mur dont je suis le prisonnier.
J'ai appris que pour aller d'un point à un autre il est possible de passer partout excepté par le centre.
Paul Claudel, Feuilles de Saints (Tokyo, juillet 1922)
Habito el exterior de un anillo.
He descubierto que no está fuera sino dentro el muro del que soy prisionero.
He descubierto que para ir de un punto a otro es posible pasar por cualquier parte, excepto por el centro.
J'habite l'extérieur d'un anneau.
J'ai appris que ce n'est point dehors, c'est dedans qu'est le mur dont je suis le prisonnier.
J'ai appris que pour aller d'un point à un autre il est possible de passer partout excepté par le centre.
Paul Claudel, Feuilles de Saints (Tokyo, juillet 1922)
sábado, 5 de junio de 2010
La flor abierta
¿De qué te sirve tu pasado?
No vale así. ¿De qué al otoño
le ha de servir su lento aroma,
la oblicua luz que es su tesoro?
¿De qué a la tarde ese sonido
de agua llegando a la ribera?
¿De qué a mi casa el rojo círculo
de esa flor triste que la alegra?
De nada sirven, no, de nada...
Lo que yo soy, persigo y amo,
todo lo encarna en su honda herida,
todo lo encanta, muerta y viva,
la flor abierta del pasado.
¿De qué te sirve tu pasado?
No vale así. ¿De qué al otoño
le ha de servir su lento aroma,
la oblicua luz que es su tesoro?
¿De qué a la tarde ese sonido
de agua llegando a la ribera?
¿De qué a mi casa el rojo círculo
de esa flor triste que la alegra?
De nada sirven, no, de nada...
Lo que yo soy, persigo y amo,
todo lo encarna en su honda herida,
todo lo encanta, muerta y viva,
la flor abierta del pasado.
sábado, 3 de abril de 2010
Le temps des cerises
In memoriam M. L.
Quand nous chanterons le temps des cerises
Sifflera bien mieux le merle moqueur
Cumplido el ciclo ha regresado religiosamente el otoño.
Con matemática dulzura trae la fecha su aire nuevo.
La rosa sínica mantiene aun abiertas sus flores blancas
que enseñan su corazón terco, ebrio de púrpura violenta.
El mediodía se estaciona, vivo de pájaros burlones.
Voy hacia el río y me acompañan altas las sombras de las nubes
y todavía te imagino viviendo en medio de nosotros.
Quiero escribir sobre el otoño y esta es la historia de tu muerte.
Como en la mágica canción que me enseñaste hace mil años,
el tiempo aquel de las cerezas muy corto fue, su llaga, eterna.
Gotas como bayas de sangre pendientes del lóbulo blanco
de una oreja perfecta y libre que las palabras asediaban:
la primavera nos dejaba soñar que nunca pasaría:
¡era tan dulce el aire ondeando, blanco, azul, rojo, en la bandera!
¡Era tan alta la hermosura de la honda noche junto al río,
era tan puro el aire frío lleno de vida en los pulmones!
Pero se ajaron los colores, se marchitaron los jazmines,
a orilla de los verdes ríos silbaron los mirlos burlones
y ya el otoño se insinuaba donde la vida se nos gasta
y el viento se desilusiona y en soledad madura el vino.
Siempre parece que no es tarde pero de pronto es imposible,
la tierra olvida lo que amamos, sólo se trata de partir.
Tu casa era una fiesta siempre. Y emigraste, como a la tarde
se apaga el sol en los parrales fatigados de sonreír.
LE TEMPS DES CERISES
Quand nous chanterons le temps des cerises
Et gai rossignol et merle moqueur
Seront tous en fête
Les belles auront la folie en tête
Et les amoureux du soleil au cœur
Quand nous chanterons le temps des cerises
Sifflera bien mieux le merle moqueur
Mais il est bien court le temps des cerises
Où l'on s'en va deux cueillir en rêvant
Des pendants d'oreilles...
Cerises d'amour aux robes pareilles
Tombant sous la feuille en gouttes de sang...
Mais il est bien court le temps des cerises
Pendants de corail qu'on cueille en rêvant !
Quand vous en serez au temps des cerises
Si vous avez peur des chagrins d'amour
Évitez les belles !
Moi qui ne crains pas les peines cruelles
Je ne vivrai point sans souffrir un jour...
Quand vous en serez au temps des cerises
Vous aurez aussi des peines d'amour !
J'aimerai toujours le temps des cerises
C'est de ce temps-là que je garde au cœur
Une plaie ouverte !
Et Dame Fortune, en m'étant offerte
Ne pourra jamais fermer ma douleur...
J'aimerai toujours le temps des cerises
Et le souvenir que je garde au cœur !
(Para quienes quieran oír la canción en la voz de Ives Montand:)
jueves, 1 de abril de 2010
Rumbo secreto
Obedezco, sin entenderlo del todo, al sobreviviente placer de trazar letras sobre una hoja. No, no comparto el parecer del bueno de Séneca en contra del placer. Tampoco llegaría, supongo, a pensar con el poeta goliardesco: Mortuus in anima, curam gero cutis.
¿Qué, entonces? ¿Siempre tu aurea mediocritas, viejo Horacio? No hay placer como éste, tan libre y puro, tan prescindente y desasido, que podría definir yo simplemente como “de música y letra”. No, es claro, de letras tan sabias que fastidien, sino de estas otras, humildes, que rastrean acaso la huella de un recuerdo remoto y se demoran tras ella, lleve adonde llevare, mientras la música suena acompañándome. Dialogaré conmigo, sin tratar de convencerme de nada. Me abrigaré en mis viajes, sentiré de nuevo el aire de una mañana de Burgos, de una tarde en Lugano, de un amanecer de oro y verdor en la sierra de San Marcos, ¡hace ya tantos años! ¡Tantas revoluciones en la academia verde de las ramas y en la política incalculable de las nubes! Letra y música me llevarán por los senderos de cabras de mi historia, recobraré al acaso mis más queridas horas de vivir...
Y antes que ninguna de aquellas, el canto de la lluvia en Santa Fe: las zanjas llenas de ranas, el fango pútrido, la casa de los abuelos, ay, todavía poblada de quienes quise y me quisieron, y allá entonces el kiosco de doña Severa, pródigo de venturosas revistas, y los secretos del niño, imaginarios. Ser niño de nuevo; y en lo posible, siempre. No ir con el rebaño; lo dijo Séneca: Nihil ergo magis praestandum est quam ne pecorum ritu sequamur antecedentium gregem, pergentes non quo eundum est sed quo itur. “Nada pues importa tanto como no seguir, según el ritual de las ovejas, al rebaño que va delante, que no se apresura adonde se debe ir, sino adonde se va.”
Obedezco, sin entenderlo del todo, al sobreviviente placer de trazar letras sobre una hoja. No, no comparto el parecer del bueno de Séneca en contra del placer. Tampoco llegaría, supongo, a pensar con el poeta goliardesco: Mortuus in anima, curam gero cutis.
¿Qué, entonces? ¿Siempre tu aurea mediocritas, viejo Horacio? No hay placer como éste, tan libre y puro, tan prescindente y desasido, que podría definir yo simplemente como “de música y letra”. No, es claro, de letras tan sabias que fastidien, sino de estas otras, humildes, que rastrean acaso la huella de un recuerdo remoto y se demoran tras ella, lleve adonde llevare, mientras la música suena acompañándome. Dialogaré conmigo, sin tratar de convencerme de nada. Me abrigaré en mis viajes, sentiré de nuevo el aire de una mañana de Burgos, de una tarde en Lugano, de un amanecer de oro y verdor en la sierra de San Marcos, ¡hace ya tantos años! ¡Tantas revoluciones en la academia verde de las ramas y en la política incalculable de las nubes! Letra y música me llevarán por los senderos de cabras de mi historia, recobraré al acaso mis más queridas horas de vivir...
Y antes que ninguna de aquellas, el canto de la lluvia en Santa Fe: las zanjas llenas de ranas, el fango pútrido, la casa de los abuelos, ay, todavía poblada de quienes quise y me quisieron, y allá entonces el kiosco de doña Severa, pródigo de venturosas revistas, y los secretos del niño, imaginarios. Ser niño de nuevo; y en lo posible, siempre. No ir con el rebaño; lo dijo Séneca: Nihil ergo magis praestandum est quam ne pecorum ritu sequamur antecedentium gregem, pergentes non quo eundum est sed quo itur. “Nada pues importa tanto como no seguir, según el ritual de las ovejas, al rebaño que va delante, que no se apresura adonde se debe ir, sino adonde se va.”
martes, 9 de marzo de 2010
Victor Hugo
Demain, dès l’aube...
Demain, dès l'aube, à l'heure où blanchit la campagne,
Je partirai. Vois-tu, je sais que tu m'attends.
J'irai par la forêt, j'irai par la montagne.
Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.
Je marcherai les yeux fixés sur mes pensées,
Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
Seul, inconnu, le dos courbé, les mains croisées,
Triste, et le jour pour moi será comme la nuit.
Je ne regarderai ni l'or du soir qui tombe,
Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
Et quand j'arriverai, je mettrai sur ta tombe
Un bouquet de houx vert et de bruyère en fleur.
3 septembre 1847 (Les Contemplations)
Mañana, al alba
Mañana, al alba, al tiempo que en los campos aclara,
partiré. Ya lo ves, yo sé que tú me esperas.
Caminaré los bosques, las montañas severas.
Ya no resisto el tiempo que de ti me separa.
Andaré, pensativo, puesta en ti la mirada,
sin oír lo que llama, sin ver lo que fulgura,
solo, oscuro, encorvado, con las manos cruzadas,
triste, y para mí el día será la noche oscura.
No miraré ni el oro que la tarde derrumba
ni las velas que al puerto van con lejano amor.
Y cuando haya llegado pondré sobre tu tumba
ramos verdes de acebo y de brezos en flor.
Mañana, al alba (Versión en versos blancos)
Mañana, al alba, blancos los campos en la aurora,
partiré. Ya lo ves, yo sé que tú me aguardas.
Iré por entre el bosque, iré por la montaña.
Ya no puedo quedarme lejos de ti más tiempo.
Caminaré, los ojos sólo en mis pensamientos,
sin ver por fuera nada, sin oír ningún ruido,
solo, oscuro, encorvado, con las manos cruzadas,
triste, y para mí el día será como la noche.
No miraré ni el oro de la tarde que cae
ni las velas lejanas acercándose a Harfleur.
Y cuando haya llegado pondré sobre tu tumba
gajos de acebo verdes y del brezal en flor.
Demain, dès l’aube...
Demain, dès l'aube, à l'heure où blanchit la campagne,
Je partirai. Vois-tu, je sais que tu m'attends.
J'irai par la forêt, j'irai par la montagne.
Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.
Je marcherai les yeux fixés sur mes pensées,
Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
Seul, inconnu, le dos courbé, les mains croisées,
Triste, et le jour pour moi será comme la nuit.
Je ne regarderai ni l'or du soir qui tombe,
Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
Et quand j'arriverai, je mettrai sur ta tombe
Un bouquet de houx vert et de bruyère en fleur.
3 septembre 1847 (Les Contemplations)
Mañana, al alba
Mañana, al alba, al tiempo que en los campos aclara,
partiré. Ya lo ves, yo sé que tú me esperas.
Caminaré los bosques, las montañas severas.
Ya no resisto el tiempo que de ti me separa.
Andaré, pensativo, puesta en ti la mirada,
sin oír lo que llama, sin ver lo que fulgura,
solo, oscuro, encorvado, con las manos cruzadas,
triste, y para mí el día será la noche oscura.
No miraré ni el oro que la tarde derrumba
ni las velas que al puerto van con lejano amor.
Y cuando haya llegado pondré sobre tu tumba
ramos verdes de acebo y de brezos en flor.
Mañana, al alba (Versión en versos blancos)
Mañana, al alba, blancos los campos en la aurora,
partiré. Ya lo ves, yo sé que tú me aguardas.
Iré por entre el bosque, iré por la montaña.
Ya no puedo quedarme lejos de ti más tiempo.
Caminaré, los ojos sólo en mis pensamientos,
sin ver por fuera nada, sin oír ningún ruido,
solo, oscuro, encorvado, con las manos cruzadas,
triste, y para mí el día será como la noche.
No miraré ni el oro de la tarde que cae
ni las velas lejanas acercándose a Harfleur.
Y cuando haya llegado pondré sobre tu tumba
gajos de acebo verdes y del brezal en flor.
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