sábado, 11 de diciembre de 2010

Pirro

Como una herida prodigiosa nace
allá en el este el sol del nuevo día.
Concordia duerme. Algo de fronda húmeda
trae en su antiguo aroma el aire vivo.
Sobre los viejos techos herrumbrados
se alzan los pavorosos edificios
donde otros como yo, tal vez, preparan
el primer mate y miran cómo nace
allá al este el milagro cotidiano
sobre la cinta pálida del río.
Cuántos amaneceres como este
habré mirado. Y sin embargo es único,
como tal vez lo soy, aunque mi padre
y mis abuelos, bien madrugadores,
lo están mirando ahora por mis ojos.
Después del primer rayo incomparable
se difunde la luz, trivializándose,
de una divina miel a una velada
claridad. Largas nubes se esperanzan
de lluvia que no viene. “Nadie sabe
lo que traerá el anochecer”, escribe
un cómico latino. Compasivos
los dioses, y no airados, nos negaron
mirar el porvenir. El sol que vuelve
no anuncia más que una ilusión abierta,
un temor, un color, la renovada
victoria de la luz sobre la noche
y de la sensatez sobre los sueños:
la pírrica victoria de quien tiene
ya perdida la guerra y acomete,
no sin algún despunte de heroísmo,
la labor cotidiana de vivir
y recorre el dormido campamento,
devuelve a su lugar alguna lanza,
da las primeras órdenes del día
y se apresta a enfrentar a los romanos.

sábado, 4 de diciembre de 2010

So we'll go no more a-roving















So we’ll go no more a-roving
So late into the night,
Though the heart be still as loving,
And the moon be still as bright.

For the sword outwears its sheath,
And the soul wears out the breast,
And the heart must pause to breathe,
And love itself have rest.

Though the night was made for loving,
And the day returns too soon,
Yet we’ll go no more a-roving
By the light of the moon.

Lord Byron


Así, ya nunca iremos como antes
muy tarde por la noche caminando,
por más que el corazón aun siga amando
y aun la luna de ayer esté brillante.

Porque la espada desgasta su funda
y el alma gasta el pecho donde mora
y el corazón en respirar demora
y descansa el amor de su coyunda.

Y aunque la noche del amor fue una
y el día anda tan pronto retornando,
nunca más nos veremos caminando
a la luz de la luna.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El camino que va y el camino que viene

A Guillermo

El camino que va y el camino que viene
son el mismo camino, pero nadie lo sabe,
al menos cuando va. Y porque no lo sabe
cree que no hará nunca el camino que viene,

cree que será sólo el viajero que sube
a la radiante cima donde el aire es más claro.
Pero el hombre que baja lentamente ve claro
qué alegre error impulsa al que ágilmente sube,

al que trepa ágilmente la cumbre prometida
para ver desde arriba la tierra no pisada
y que no pisará.

¡Esperanza, esperanza, dulce error de la vida!
Esperanza perdida que explica la mirada
que dedica hondamente el que viene al que va.

miércoles, 17 de noviembre de 2010


VAN GOGH, Huertos en Montmartre (1887)

Este hombre quiere forzar con fuerza titánica el muro del infinito. Pero el muro no cede ni aun ante esa fuerza. Coloso vencido por lo imposible, el cuadro habla, habla en silencio a gritos, para todos y para nadie, como el Zaratustra de Nietzsche. Hay un horizonte negado por un cielo implacable. Inútilmente las aspas de un molino (oscuro azul sobre celeste oscuro) quieren abrir un hueco, una rajadura en ese muro perverso. Las pinceladas en colores violentos son huellas de pasos, son pasos sin rumbo contra el cielo invasor.
Otros pintores imitan lo real, Vincent lo crea. La pintura o el dibujo son miradores abruptos que dan a la cosa en sí. Brechas abiertas en la ceguera humana. Degluten el mundo y crean desde dentro, desde la esencia que han hecho suya.
Pero pintar no libera, no redime al pintor. En eso se parece a nosotros. Cada nueva pintura es una victoria parcial, una victoria pírrica, inserta en un guerra perdida. Algo grandioso de donde el alma misma está ausente, o sola; y es lo mismo estar solo que estar ausente.
El autorretrato de 1886 nos dice: “Mira cómo he quedado por llegar hasta acá”. El de 1887 nos dice: “¡No vengas hasta acá!”
Acaso lo que más nos conmueve de él es que sabía pintar con colores de infancia. No con la ignorancia del niño, sino con la sabiduría perdida del niño.

jueves, 7 de octubre de 2010

Lo que aprendo

Yo he contemplado el mar y he conocido el viento.
Yo sondeé las honduras de la angustia y la rosa.
Me ha tenido en sus brazos una playa arenosa
y en los acantilados he guardado el aliento.

Esa fruta encendida que del vacío pende
es el sol, y es la luna su limosna a la noche;
es la tierra la casa de la vida; es el coche
de los astros la Nada que los nutre y comprende.

Y acá abajo, acá abajo, junto a las pobres olas
de mi río salvaje, junto al árbol querido,
me refugio en lo verde, me amparo en lo florido
y aprendo a sostenerme como esas piedras solas.

Aprendo a consolarme de no ser y haber sido,
a ser parte del todo que se agosta y renace,
a ser hijo del tiempo que nos hace y deshace
y a vivir llanamente, reencontrado y perdido.
El enigma

La soledad, la luz, el cielo... (Banchs)

El enigma es la luz: el mediodía
en las agujas del más alto pino;
la claridad absorta en las colinas,
la luz, la soledad, la luz, el cielo.
Es el cielo sin nubes donde apenas
su orla blanca dejó la luna nueva;
la verde intensidad, la primavera
aromática, el nido del hornero,
el grito del halcón en la enramada,
cruel, lacerante, y su elevado vuelo,
la impetuosa planicie en movimiento
del río enorme ahondando la espesura,
socavando raíces sin memoria.
El enigma es la luz y no la sombra,
la prisión invisible, el aire abierto,
los caminos sin nadie: el invencible
círculo de los sueños que me cerca,
el miedo de ser libre que me ahoga,
como al demente que se siente preso
en su pasmosa libertad sin nadie.
La cárcel del pasado me retiene
con cadenas de amor indestructibles.
El enigma es la luz. Yo soy la sombra.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

A sí mismo

I

Como el río no acaba de pasar
por muchas aguas que hacia el mar lo empujen,
hay pecados que nunca se terminan
de perdonar, por más que te perdonen.


II

Para no ser la víctima secreta
del criminal que vaga por tus sueños,
estudia el mal que has hecho y examina
los colores robados en tu nombre;
acoge en la poesía de tus noches
la miserable prosa de los días.


III

Ronda mi corazón una antorcha de hielo,
como el barco que ansía por la niebla nocturna
un contorno perdido, como el barco que anhela
tras siniestras espumas la Isla de los Muertos.
Si pudiera encontrarme con el otro que soy
tal vez me entendería por fin conmigo mismo.