sábado, 11 de diciembre de 2010

Pirro

Como una herida prodigiosa nace
allá en el este el sol del nuevo día.
Concordia duerme. Algo de fronda húmeda
trae en su antiguo aroma el aire vivo.
Sobre los viejos techos herrumbrados
se alzan los pavorosos edificios
donde otros como yo, tal vez, preparan
el primer mate y miran cómo nace
allá al este el milagro cotidiano
sobre la cinta pálida del río.
Cuántos amaneceres como este
habré mirado. Y sin embargo es único,
como tal vez lo soy, aunque mi padre
y mis abuelos, bien madrugadores,
lo están mirando ahora por mis ojos.
Después del primer rayo incomparable
se difunde la luz, trivializándose,
de una divina miel a una velada
claridad. Largas nubes se esperanzan
de lluvia que no viene. “Nadie sabe
lo que traerá el anochecer”, escribe
un cómico latino. Compasivos
los dioses, y no airados, nos negaron
mirar el porvenir. El sol que vuelve
no anuncia más que una ilusión abierta,
un temor, un color, la renovada
victoria de la luz sobre la noche
y de la sensatez sobre los sueños:
la pírrica victoria de quien tiene
ya perdida la guerra y acomete,
no sin algún despunte de heroísmo,
la labor cotidiana de vivir
y recorre el dormido campamento,
devuelve a su lugar alguna lanza,
da las primeras órdenes del día
y se apresta a enfrentar a los romanos.

5 comentarios:

paulacismondi dijo...

"..Compasivos los dioses, y no airados, nos negaron mirar el porvenir..". Qué frase tan fuerte, Alejandro, realmente no se cómo decir lo que siento porque lo que siento está en esta frase..Excelente.

Alejandro Bekes dijo...

La frase, querida Paula, es una paráfrasis de unos versos de Horacio. La metí ahí porque así lo siento. Si supiéramos lo que nos trae el futuro, el miedo nos paralizaría y no seríamos capaces de hacer nada. A veces, para alcanzar una costa de felicidad, hay que atravesar un océano de angustia. Por eso es mejor no saberlo. Siempre te recuerdo con mucho afecto. Un beso y gracias.

Pablo Anadón dijo...

Hermoso poema, Alejandro, con su ritmo pausado y su tensión en "crescendo". Y ese paisaje de Concordia, que me parece estar viendo desde tus ventanas, aunque, como bien sabés, no soy justamente madrugador como vos. Me gusta mucho el tono, que es el de una larga experiencia de vida meditada, de la que surgen las palabras casi sin esfuerzo - o así lo siente el lector -, como si rezumaran de una interioridad colmada, como el agua fresca del cántaro. Y están luego los detalles de estilo, magistrales, tu consabido dominio métrico, los encabalgamientos, las sabias aliteraciones, y esa mezcla de prosaísmo y lirismo, que tanto me gusta. En cuanto al tema del poema, me vienen a la memoria aquellos versos de Kavafis: "Honor a aquellos que en su vida / han decidido defender Termópilas...". Un abrazo, Pablo.

Alejandro Bekes dijo...

Gracias, Pablo... Sí, es muy conmovedor lo de las Termópilas. Los persas finalmente pasarán, pero habrá memoria para los trescientos. Un abrazo fuerte.

Mari dijo...

Que bello, leo el poema y pasan las imágnes. Es descubrir en el corazón del otro lo que guarda el propio. Me trasmite paz, serenidad, necesidad de estar sola en la inmensidad de lo que me rodea. Alejandro, un saludo con el cariño de siempre.